PAISAJES DE LA QUERENCIA

26 FEB 2021 — 11 ABR 2021

El paisaje marca la medida del mundo y la amplitud del cielo, es a través de él que nos aprendemos a encontrar sobre el espacio de la realidad. No sabemos nunca qué hacer con él pues sólo admitimos su lugar exacto, sin nunca cuestionar su presencia ni admitir su maravilla. La cadencia de precisión y el ritmo alucinante de los tiempos nos lanzan a un caminar frágil, sin agencia; andamos volátiles por el mundo, suscintos y tenues, atravesando las miasmas de la tierra yerma sin percatarnos que el concierto externo está marcando notas de desesperación fugaz que decidimos flagrantemente ignorar. El mundo se construye en derredor nuestro sin que nosotros reparemos en su taladrar insano. Quizá ahí está la desgracia del tiempo: inhabitar habitaciones habitadas.

Cuando el paisaje pierde su presencia, pierde su habitabilidad. Caminan los cuerpos sin habitar sus formas y el fundamental acto de andar se transforma en puro movimiento fatuo. Andar en el mundo debe implicar una noción clara de buscar sentido. Se dijo alguna vez que en el principio fue el verbo motor pero una vez que el movimiento se lanzó a su actante y los seres empezaron a confirmar un mundo de lenguaje, vicios y baile, el movimiento transicionó en su sentido para convertirse en migración. Buscar un lugar habitable. Eso es.

Nacer entre la mierda para salir hacia allá, el gran allá, la promesa. Y después de los sudores del camino, vislumbrar a través de una rendija del aire, la tierra que mana leche y miel: la querencia.

Querencia es espacio que deviene en forma, forma que se aprecia para convertirse en paisaje, paisaje que se asienta y se instala en emoción. Hemos habitado huecos secos que, a simple vista, se sienten despojados pero que, por la gracia de habitarlos, se vuelven casa.

La noción central de paisajes de la querencia es explorar los derroteros de distintas maneras de entender y enunciar esta realidad violenta, desdichada, abundante, triste, sonora y, a veces, bella que nombramos con el mullido mote de México. Lxs artistas que ocupan el espacio de Torranoa han encontrado la habitabilidad por distintos medios, moviéndose desde una percepción ambiental del mundo hasta un análisis de las formas residuales de explotación del entorno circundante, pasando por las nuevas miradas intermediales que permiten los soportes digitales, la abstracción espacial de la instalación y las novísimas refiguraciones del ready made. Todo esto con el fin de intelegir esa cosa, por tiempos propia y ajena, que llamamos paisaje. Para que de esta forma nuestras partes de territorio puedan volver a convertirse en lugares habitables, en paisajes que, a pesar de sus dolores, nos quieren.



CURADURÍA
Emilio Valencia


ASISTENCIA
Anahí García y Manuel Pidal

Recorrido virtual

Emilio Morales Paisaje blur II, 2020

Óleo sobre tela, 27 x 35 cm

Danna Sánchez La cruz, 2020

Óleo sobre lienzo, 45 x 34.5 cm

Danna Sánchez Mercado Tomasa Esteves, 2020

Óleo sobre lienzo, 45 x 34.5 cm

Manuela G. Romo Sin título, 2016

Chapopote y óleo sobre lienzo, 100 x 120 cm

Antonio Vidal Avión, 2019

Óleo y acrlíco sobre lienzo, 241 x 119 cm

Perla Mata Estudios de un cerro negro, 2020

Grafito sobre papel, 20 x 24 cm

Perla Mata Estudios de un cerro negro, 2020

Grafito sobre papel, 20 x 24 cm

Perla Mata Estudios de un cerro negro, 2020

Grafito sobre papel, 20 x 24 cm

Perla Mata Estudios de un cerro negro, 2020

Grafito sobre papel, 20 x 24 cm

Leonardo Aguirre Trabajando juntos haremos un México mejor, 2020

Mosaicos retirados de muro baleado al poniente de Torreón, 40 x 135 cm

Ismael Sentíes Fresno I, 2020

Acrílico sobre tela, 60 x 50 cm

Gabriel Sánchez-Mejorada Destrucciones en el desierto, 2019

Proyección de video sobre madera y escombro, 72 x 72 x 32 cm

Alejandro Manzanero Welcome to Méxi$$$o, 2020

Fuente en sitio, medidas variables